El Señor de los Anillos I . La Comunidad del Anillo – J.R.R. Tolkien

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El Jardin de verano

Quienes leyeron la entrada del Hobbit ( si no la leíste te la recomiendo) sabrán evidentemente que la historia acababa de comenzar.
La comunidad del anillo es el primero de los tres libros de la saga de El señor de los anillos, y la continuación de esa maravillosa presentación que Tolkien hace de su mundo en El Hobbit. 
Cabe destacar que El Silmarrillion es también una lectura recomendada que completa la idea del ese mundo fabuloso nacido en la imaginación de Tolkien. 
El Silmarillión es una recopilación de obras de J. R. R. Tolkien, editada y publicada póstumamente por su hijo Christopher Tolkien, en 1977. En ella, se narra, entre otras cosas, la creación de Arda y el nacimiento de las razas más importantes (valar, maiar, elfos, hombres y enanos) de la Tierra Media.
 





Ya nos conocemos y no voy a repetir mi postura de que adelantar en una reseña el contenido de un libro no solo es de mal gusto sino que no tiene sentido ya que para saborear un libro hay sentarse y leerlo. De manera que solo puedo anticiparles que el sabor de esta aventura parece prolongarse a medida que página tras página catamos, paladeamos y nos chupamos los dedos con cada palabra.
Las primeras páginas nos muestran que en la adormecida e idílica Comarca de Hobbiton, un joven hobbit : Frodo recibe el encargo de custodiar el Anillo único y emprender el viaje para su destrucción en las Grietas del Destino. Acompañado por magos, hombres, elfos y enanos, atravesará la Tierra Media y se internará en las sombras del País Oscuro, perseguido siempre por las huestes de Sauron, el Señor Oscuro, dispuesto a recuperar su creación para establecer el dominio definitivo del Mal.
Frodo es sobrino de nuestro ya conocido Bilbo Bolsón, protagonista de El Hobbit, y es Bilbo quien cede el encargo de la custodia del Anillo único.

«Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra.
Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir.
Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro
en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.
Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos,
un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas
en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras».

Y nada más agregaré sobre el contenido porque, aunque antes de comenzar la historia no alcancen a comprender el sentido de estas palabras, ellas son en realidad el leit motiv y la razón de caminar página tras página hasta descubrir ¿Qué sucede con el Anillo? ¿Qué son las sombras de Mordor? ¿Quién vence a las sombras? ¿Cómo? Y ¿Para qué?

AutorJ. R. R. Tolkien planeó El Señor de los Anillos como una secuela de su anterior novela, El hobbit, pero terminó por convertirse en una historia de mucho más alcance y extensión que, escrita por etapas entre 1937 y 1949, se publicó por primera vez en el Reino Unido entre 1954 y 1955 en tres volúmenes.
Muchos han tildado a Tolkien de tener una prosa plana, carente de grandes recursos literarios y en cuanto al tratamiento de los temas dedicarse simplemente a re-crear mitos, también han dicho que su estilo está desprovisto de imaginativas figuras retóricas o técnicas novedosas. Y sin embargo, yo creo que justamente todo eso es lo que hace que sus libros se lean generación tras generación. 
No se nos ocurre cuestionarle a Tolkien falencias idiomáticas, menos aún achacarle la no pertenencia al alto mundo de los considerados grandes literatos y tampoco le reclamamos un poco menos de fábula ni nos asalta la idea de implorarle basta de mitos. Por el contrario esas son justamente las cosas que le agradecemos capítulo tras capítulo y son los ejes sobre los cuales se pivotea su historia para trascender allende los años y volver a generar una y otra vez las mismas sensaciones que cuando lo escribiera por primera vez.
No haré uso de este espacio para hacer una apología de Tolkien ni ensalzarlo hasta el empalago. Simplemente voy a prevenir a los lectores anticipándoles que si no tienen intención de jugar el juego propuesto o hacer de cuenta que somos parte de la historia, dejen el libro de lado por favor y tomen otro que siempre hay un libro esperando por nosotros. 
Pero, si entre ustedes hay alguien que piensa que uno nunca deja de ser niño, si todavía queda alguno que pueda sentir erizarse la piel ante un monstruo, si queda un solo lector que sienta impotencia frente a la maldad y transpire junto a los buenos para triunfar, a ellos está dedicada esta saga  que con La comunidad del anillo solo acaba de empezar.


 

Alguien dijo por ahí que el libro es como un relámpago en un cielo claro. El relámpago antecede al trueno y anuncia la tormenta de manera que coincido plenamente si pensamos en la historia como esa tormenta que hay que capear junto a los héroes que la viven. El relámpago también brinda claridad en medio de una noche oscura de manera que también podemos pensar en la saga toda como esa claridad divina que nos llega de algún lado para entender que el bien y el mal son eternos y que la lucha comenzó mucho antes que nosotros existiésemos y se prolongará por siempre. El relámpago entra por los ojos, como las palabras, como las imágenes que página tras páginas nos encandilan, nos abstraen y nos maravillan siempre y cuando seamos ese niño que nunca dejamos de ser.
Decir que es una novela heroica, grandiosa, convincente, o pensar que en esta época antirromántica donde soñar se ha convertido en una utopía casi patológica, sería inadecuado. Porque para los sedientos de relámpagos que vivimos en esta extraña época carente de ideales, el regreso a la leyenda, la revaloración del honor y la amistad, el alivio que nos trae conjeturar, creer, afirmar que soñar aún es posible, Tolkien y su mundo son sin duda el agua fresca que estábamos esperando.

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