El jardín de verano – Paullina Simons

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El Jardin de verano

El auge de las trilogías puede mirarse desde dos puntos de vista. Por un lado la mirada del lector: el amor por una historia apasionante, el placer de seguir a tus personajes favoritos hasta cuando van al baño,  evitar la desazón de haber leído una bella historia y esa especie de angustia que provoca el libro ya leído pasando al segundo y luego al tercero. Pero por otro lado, está la mirada del autor y la editorial: si una primera parte apasiona, no escatimes segundas ni terceras en el afán por seguir vendiendo, claro que tanto autor como editor conocen a la perfección la idiosincrasia de todo lector que es la mirada anterior que les relataba. Y una armoniosa unión entre ambas situaciones dan por resultado que las trilogías sean hoy por hoy algo tan buscado como las sagas. Ni qué hablar cuando estás como en el caso de Juego de Tronos o de Forastera y tantos otros se convierten además en éxitos de series televisivas 
 





Luego de la primera y segunda parte de la trilogía de El Jinete de bronce, a esa altura ya estaba un poco saturada, sin embargo arremetí con la tercera. Como todo buen lector que se precie de tal  no pude dejar de lado una tercera parte habiendo leído las dos anteriores. Pero sobre todo como critico que respeta a sus seguidores, (en este caso por puro respeto hacia  los lectores de este blog que esperan la reseña de esta tercera parte)  es que me esforcé en la lectura de las casi 1000 páginas de El jardín de verano. Sí han leído bien, fue un verdadero esfuerzo ya que la historia de Tatiana y Alexandre sigue ad eternum y aunque pasen mil y una vicisitudes uno está seguro de que nada malo puede pasarle a ese amor y como buen cuento de hadas al final ...comerán perdices. 
Esta tercera parte está dedicada a las secuelas que deja una guerra de la embergadura de la Segunda Guerra Mundial y por supuesto sigue de cerca el periplo de la pareja que desde Europa termina sus días en EE.UU. Como es mi costumbre no referiré pormenores de la trama ya que podría desalentar a más de uno a leer el libro y además porque detallar el contenido temático me parece de mal gusto, para eso está el libro:  léelo o déjalo.
Desde el punto de vista del perfil de los personajes debo, me siento obligada a decir que Paullina Simons ha forzado hasta lo indecible el carácter de ambos personajes centrales: Tatiana y Alexandre. Ha llegado hasta lo indecible para mostrar un hombre diferente, a tal punto que ha terminado por crear un súper hombre y a estirado tanto el elástico para mostrar una mujer digna de ser amada, respetada y hasta canonizada que Tatiana se convierte en  una súper mujer y ni un súper hombre ni una súper mujer resultan creíbles hoy por hoy dentro de la literatura del siglo XXI. Es verdad que por momentos la autora intenta desacralizar lo ya sacralizado pero solo consigue crear situaciones que terminan siendo inverosímiles para los actores a los cuales ya estamos acostumbrados a ver como esos súper héroes que son desde las primeras páginas de la historia. Es decir, cuanto más quiere sacarlos del estereotipo más obligada se ve a volver a él a fin de tornar creíble lo que sigue.
El manejo de los personajes no siempre tiene que ver con parir seres de papel que van más allá de lo real, sino justamente seres de papel lo más parecidos a los de carne y hueso. Por momentos Paullina Simons lo logra pero por momentos se sumerge en un ambicioso viaje psicológico y crea héroes más propios de la literatura decimonónica que de la contemporánea. Creo una vez más que no es un defecto profesional de la autora que sin duda ha creado una historia que hace llorar a muchos sino simplemente por lo que comentaba más arriba, la larga extensión de una historia que podría haberse ahora unos cuantos cientos de páginas, la obligó a tensar la cuerda.
Sin embargo, en su conjunto podemos decir que nos encontramos con personajes que van cambiando, creciendo, envejeciendo, aunque sea poco creíble que esa pasión y esas ganas de hacer el amor hasta en la cocina sigan tan exageradamente presentes en ambos personajes a pesar de los años, de la vida en común, de la rutina y tantos etcéteras que destruyen cualquier matrimonio o al menos lo tornan menos efusivo que en la adolescencia. Haber mostrado incluso ese desgaste  no era pecado ni hubiese desmitificado el amor eterno, sino que hubiese sido una cuota de simple y puro sentido común para sintetizar cualquier cotidianidad. Pero, en ese aspecto Tatiana y Alexandre se ponen una vez la capa de súper héroes y echan por tierra cualquier realidad. Entonces, no cabe menos que preguntarnos ante cada escena cargada de pasión ¿somos nosotros los mediocres? o ¿son ellos exageradamente extraordinarios?.
AutorCreo que para esta tercera y última parte de la trilogía de El jinete de bronce, la autora ha apelado a la segunda mirada de que hablaba al comienzo de esta reseña.
Sin embargo, la Simons tiene un punto a favor y es que no apela a golpes bajos sino que toda situación entra dentro de lo posible, de lo creíble: la guerra, las secuelas (un poco exageradas para mi gusto)  la lucha por una vida mejor, la dignidad y el honor son pilares sobre los cuales se apuntalan los tres libros y que se mantienen inalterables respecto a los personajes centrales, a pesar de los embates de cada etapa vivida.
 Paullina nace en Leningrado, como producto de su nacionalidad conoce las costumbres rusas, incluso de algunas comidas de las cuales, debo admitir, corrí a buscar recetas porque me dije que si Tatiana puede atrapar a Alexandre con esas exquisiteces, yo también podría hacer de las mías. 
A la edad de diez años su familia emigra y se establece en Estados Unidos. Algo parecido a lo que  les sucede a sus personajes  aunque bajo circunstancias distintas. La autora busca y encuentra en su propia experiencia la manera de hacer creíble el desarraigo y la adaptación a un mundo tan diametralmente opuesto al mundo del cual provienen los personajes. La impronta personal en cuanto a sensaciones sin duda debe haber sido marcante a la hora de armar los perfiles,  la autora asegura en un reportaje que los personajes  brotaron de su imaginación pero que las historias de fondo de Leningrado (de la guerra, del hambre, la separación, el sufrimiento) vinieron de su familia y familiares y amigos que habían vivido lo peor.

 

A pesar de los lugares comunes, aún forzando la credibilidad en torno al perfil de los actores principales, dejando de lado lo increíble, si aceptamos jugar el juego que Paullina Simons nos propone, este tercer libro tanto como los dos primeros dejaran satisfechos a los lectores de corazones románticos hasta seducirlos. Aquellos que aman los libros románticos caerán rendidos a los pies de la Simons y clamaran por más de Tatiana y Alexandre que posiblemente se conviertan en dos de esos personajes que difícilmente lograremos encontrar en otras historias. Dos personajes de novela que llegaron para quedarse en la memoria. 

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