Las tres bodas de Manolita – Almudena Grandes

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Canción de hielo y fuego

Luego de Inés del alma mía y El lector de Julio Verne, llega el tercer libro que, por ahora, forma parte de lo que Almudena ha dado en llamar Episodios de una guerra interminable.  
Como en cada novela, como en todas las historias de esta maestra de la palabra, es imposible en Las tres bodas de Manolita no sucumbir ante el inacabable desfile de personajes que nos acompañan desde la primera página. Muchos han sido reales, otros, los ficticios inspirados en realidades con el agregado necesario para la ficción funcione y la realidad no se desvirtúe. 
 






En un epílogo por demás interesante Almudena Grandes no muestra a sus actores entre bambalinas y es sorprendente conocer, enterarse de como la vida misma ha llevado a esta poderosa mujer a enraizar la historia de los libros con la historia de cada día vivida y contada por su gente.
Como siempre logra conmigo esta maravillosa española, el libro me ha hecho sufrir, llorar, reír y he sentido una vez más la impotencia de un pueblo sometido durante años y años a un indolente despotismo y a la necedad absoluta de sus gobernantes.
No es la primera vez y quizás nos sea la última en que ponga de relieve la mayor virtud de Almudena Grandes como escritora: sus capacidad sin límites para perfilar personajes, su talento innato para ponerlos a actuar y su agudeza hábilmente perfeccionada a través de los años para lograr que cada uno de esos personajes cale tan hondo en nuestras entrañas que ya nunca volvamos a encontrar nadie que se le parezca. Y contra todo pronóstico no suelen ser los personajes principales los que a veces nos desgarren el alma, nos arranquen una sonrisa o nos hagan detener un lagrimón.
En esta novela La Palmera, se convierte en amigo de Manolita a través de su hermano Antonio, pero no viene al caso develar la trama de la historia porque además no es mi estilo que entren a leer una novela cociéndola de antemano, no tiene gracia y sería un recurso muy displicente para salir del paso con una reseña. Solo puedo asegurarles que las cualidades más potentes de un ser humano se dan cita en este personaje: amistad, amor, entrega, devoción, admiración pero sobre todo una sensibilidad exacerbada y una devoción por los que cobija bajo su ala que conmueve y remueve muchas cosas dentro nuestro a medida que avanzamos en la trama y vamos conociendo un poco más de este personaje.
Claro que habrá otros que quizás el lector ame más que este. Emilia y su secreto odio, Antonio y su inmadurez, Manolita y su compromiso con la causa aunque al principio de la novela la llamen La señorita Conmigo No Contéis. Y Silveiro y el Orejas y…
Y sin adelantar parte de la historia quisiera hacer un alto para destacar que a pesar de que los tres anteriores giran en torno a casi los mismos temas de base, éste me ha dejado ese sabor que solo se siente después de haber estado cerca de la injusticia, la represión, la brutalidad, la tiranía, los abusos.  Y es que Almudena logra que nos pongamos en la piel no solo de los presos si no, principalmente, de sus mujeres, sus hijas, sus madres, sus hermanas, sus novias. Todas esas mujeres que de la noche a la mañana se vieron obligadas a dejar atrás sus vidas, sus rutinas, su tranquilidad para luchar, pelear, intentar salir adelante, sobrevivir.
AutorCreo que en cada historia la autora logra acercarnos a un costado distinto a los muchos que ha tenido es Guerra interminable (como ella misma la denomina) toda la sociedad estaba corrompida y nadie, absolutamente nadie esta fuera de esa historia, porque les tocó vivirla y en muchos casos sobrevivirla.
El clero, como en tantísimos estados dictatoriales ha tenido una participación activa, aunque no siempre ha sido la que supuesta se espera de la iglesia. En esta novela a través de las hermanas de Manolita (Isabel y Pilarín) entraremos en el colegio de monjas de Zabalbide y sabremos de qué manera estas supuestas hermanas de la caridad han dejado también su impronta en la historia de España.
Claro que nadie puede contar la historia como la cuenta Almudena si antes no te le han contado quienes la vivieron o más bien quienes la padecieron.
“Mis tres tías abuelas salían a la calle y se ponían de acuerdo para robar: dos tapaban al tendero y la otra cogía puñados de arroz o de garbanzo y se los metía en los bolsillos. Robaba comida todo el mundo porque había mucha hambre en Madrid. Esa es la realidad de la novela y de aquella época terrible” cuenta la escritora en una entrevista con el diario Pagina 12. 
La hermana de Manolita Isabel Perales nace de un encuentro fortuito que Almudena narra de la siguiente manera:
“Conocí a Isabel Perales en un homenaje a represaliados del franquismo. Cuando la vi, le eché veinte años menos de los que tiene. Me preguntó de sopetón si sabía algo de los niños esclavos del franquismo. Después se presentó en mi casa y me contó su historia –recuerda–. En la voz de Isabel había una especie de mandato. Ella me decía: ‘Quiero que esto se sepa, lo tienes que contar’. Yo tardé mucho en escribir la novela. Ella me llamaba y me preguntaba: ‘¿Has empezado ya?... no lo vas a hacer’. A mí me angustiaba mucho y le decía: ‘Sí, Isabel, que sí, que sí’... La historia de Isabel es terrible por lo que significa que una niña de 14 años llega a un colegio pensando que la van a educar y lo que le hacen es obligarla a trabajar y a lavar con sosa y que se le deshagan las manos. Todavía tiene las manos extrañas, llenas de bultos blancos, tiene como líquido en las manos.” Una doble condena y tormento padecieron los “hijos de los rojos”, considerados tan “culpables” como sus progenitores. “Como se sabe, tengo un muy mal concepto del franquismo. Pero a pesar de eso, no me podía creer lo que Isabel me estaba contando: llegó a pesar 37 kilos, tuvo una anemia perniciosa, estuvo dos años sin tener la regla porque estaba tan desnutrida que el cuerpo impedía que perdiera sangre. Yo le preguntaba si no hubo nadie que se pudiera haber hecho cargo de ella. Su madrastra estaba en la cárcel, pero tal vez tenía un abuelo, a alguien. ‘No podía salir del colegio hasta que mi madrastra saliera de la cárcel’, me dijo. No me lo podía creer... Y mira que pienso muy mal del franquismo. Me parecía tan monstruoso que los hijos pagaran también las penas de sus padres.”
Lo cierto es que como en Inés y la alegría y El lector de Julio Verne, en Las tres bodas de Manolita los episodios inverosímiles han sido episodios reales.

 

Una novela destinada a convertirse en un clásico porque atrapa y engancha pero sobre todo porque solo se ajusta a contar la vida. Y como parte de la vida la guerra donde siempre está el que gana y el que pierde. Más allá de batallas o territorios conquistados esta Guerra interminable se encargó de poner a cada uno en su lugar y los que ganaron no ganaron medallas ni alcanzaron la gloria sino que conservaron la vida.
Para llorar, para reír pero sobre todo para no olvidar y sentir y vivir esta vida con la intensidad del día a día. Porque Las tres bodas de Manolita nos conmueve, nos remueve nos estremece y nos enseña a vivir sin arrepentirnos de nada. 

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