La sombra del viento – Carlos Ruiz Zafón

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“Este lugar es un misterio Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves tiene alma. El alma de quien lo escribió y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace más fuerte” (pag.12)






La propuesta de Carlos Ruiz Zafón es tentadora, absolutamente irresistible para quienes tener un libro entre las manos supone detener la cotidianeidad y entrar en un mundo nuevo. El cementerio de los libros olvidados, el santuario al cual al padre de Daniel (protagonista de la novela) se refiere es un sitio sobrecogedor y tétrico pero a la vez significativo e inconmensurable. Imagínense un lugar donde se acumulan cientos y miles de libros olvidados para el público en general, millones de libros se acumulan junto al polvo que los envuelve en el Cementerio de los libros olvidados y esperan. Alguien descubrirá en algún anaquel un libro o el libro lo descubrirá a él y entonces comenzará a correr la historia. En ese sitio totalmente borgeano Daniel encuentra un libro, que han pretendido enterrar durante años, y ese hallazgo será el punto de partida para una trama intensa e intrincada que cambiará la vida Daniel para siempre.  “En una ocasión oí comentar a un cliente habitual de la librería de mi padre que pocas cosas marcan tanto a un lector como el primer libro que relamente se abre camino hasta su corazón. Aquellas primeras imágenes, el eco de esas palabras que creemos haber dejado atrás, nos acompañan todo una vida y esculpen un palacio en nuestra memoria al que, tarde o temprano –no importa cuántos libros leamos, cuántos mundos descubramos, cuánto aprendamos u olvidemos- , vamos a regresar. Para mí esas páginas embrujadas siempre serán las que encontré entre los pasillos del cementerio de Libros Olvidados” (pag14) Luego de estas palabras ningún adicto a los libros puede recular ante “La sombra del viento”.lasombradelveinto Carlos Ruiz Zafón es a mi modo de entender una de las plumas más atrapantes y amenas que las letras españolas nos regalan en medio de este siglo XXI tan repleto de ignominia y charlatanería. Unida a una prosa ágil y llena de lirismo sin remilgos, esta historia nos adentra en el mundo de los libros y sobre todo nos advierte, desde esas primeras y potentes frases que, quien quiera que alguna vez se haya dejado cautivar por un libro, jamás podrá volver la vista a un costado cada vez que aparece algún otro libro que promete renovar el embrujo. La sombra del viento logra embrujarnos, y lo hace por medio de una mezcla exacta de apunte histórico, novela de suspenso e intriga con un dejo costumbrista que lejos de de bajar en ningún momento la expectación del lector, nos conmina a pasar página tras página en busca de más. Quizás esa misma sensación irrefrenable de ir por más o la innegable relación entre un libro y la vida es que Carlos Ruiz Zafón, como en la vid misma, fue por más y es por eso que a éste le siguieron dos historias que la retoman, la contienen y la completan: El juego del ángel y El prisionero del cielo. Daniel Sempere, protagonista de esta historia, accede gracias a un libro olvidado a dos amores primeros e inolvidables: el amor por la lectura y el amor por una mujer y todo gracias a La sombra del viento, un libro olvidado de un autor más olvidado aún. Las vicisitudes y un sin fin de experiencias iniciáticas que rayan en lo maldito, despiertan al abrir las tapas de ese primer libro que lo subyuga y lo esclaviza, un libro que marca sus once años y destraba el pasado y el presente. “En mis sueños de colegial siempre seríamos dos fugitivos cabalgando a lomos de un libro, dispuestos a escaparse a través de mundos de ficción y sueños de segunda mano” Así describe su protagonista esos años reveladores y cuando evoca el pasado no puede sustraerse a la inevitabilidad de deberle todo lo que es a un libro, a los libros, a los sueños y a la realidad pero sobre todo a la ficción. La Sombra del viento es una historia que atrapa contiene, detiene e inmoviliza el hoy y que corre hacia un pasado que es necesario atrapar para redimir el presente. Es una historia de libros malditos, es la historia del hombre que los escribió y la de un personaje que se escapó de las páginas de un libro para destruir la historia. Es también la historia de una traición y de una amistad, del amor imposible, del odio y de los sueños que no aciertan a hacerse realidad. Una mezcla exacta de todos los condimentos que la tiene la vida resumidos en una trama con visos policiales que conmueve y seduce. La novela contemporánea es sin duda la historia de sus personajes. En pleno siglo XXI se han dejado de lado los fastuosos jardines o las lujosas mansiones como escenario porque lo que importa no son los escenarios sino los actores. En mi Taller de escritura, me gusta detenerme en considerar la importancia de los personajes en las historias que tenemos entre manos al escribir y para eso es clave detenernos en esos protagonistas de las historias que leemos, estos deben arrasarnos. A los lectores nos gusta imaginarnos a los personajes como personas de carne y hueso, aunque sepamos (desde el momento que nos decidimos a leer un relato) que son entes de ficción. Es el juego que nos propone la literatura y concretamente el texto narrativo. Y es aquí donde reside la paradoja del personaje: parece una persona, pero no lo es; no se puede explicar su comportamiento, sus reacciones… mediante las ciencias que estudian al ser humano (psicología, filosofía, etc.), sino que sólo podremos entenderlos a partir de las reglas que actúan en la literatura en general y en la narrativa en particular. Pero ¿qué es un personaje literario? ¿Cómo toma cuerpo en la subjetividad del autor? ¿Cómo se traslada luego esa vivencia imaginaria hasta la página escrita? El escenario es vital pero no debe encandilar. carlosruizzafonCarlos Ruiz Zafón logra hacer del escenario de su historia, Barcelona de la década del ’40 el lugar perfecto para actores que difícilmente podamos olvidar. Entre los seres que desfilan por La sombra del viento, uno de mis preferidos es Fermín, un perseguido político que arroba con su locuacidad y nos gana el alma con su hombría de bien, su inteligencia buena y una verborragia siempre oportuna que difícilmente encontremos en muchos personajes de novela o reales. Si de mencionar actores se trata, no podemos olvidarnos de Bea, ni de la enigmática Clara, responsables de que esta novela nos permita soñar, amar y convertirnos en cómplices de una situación que pone en peligro la vida del actor principal del reparto: Daniel Sempere, de quien me reservo el derecho a aludir y dejo en manos del lector la conclusión final de su personalidad. El terreno de la novela es siempre un terreno ficticio, aunque esa ficción se acerque mucho a la realidad. Más, en el siglo que nos ocupa, donde ambos planos "pretenden" y "juegan" a cruzarse en multitud de ocasiones. En La sombra del viento la ficción está estructurada en una trama que, por medio de relatos a modo de cajas chinas, arma la historia. El autor ensambla esos diferentes relatos con la precisión de un relojero y con la naturalidad del fluir de la vida y obtiene como resultado final la historia de un enigmático Julian Carax, autor del libro que descubre Daniel Sempere: La sombra del viento, y autor de otros libros más que son el producto de los desvelos del autor (Carlos Ruiz Zafón) de la novela homónima que tenemos entre las manos.

 

La sombra del viento es un policial, es una novela de amor, de aventuras pero es ni más ni menos la historia de la vida, que se replica en más vida y cuando parece terminar solo lo hace para volver a empezar. Antes de dar vuelta la última página nos llega la promesa de la historia que le sigue. : El final de La sombra del viento se muerde la cola con el comienzo de El juego del ángel. Imposible perdérsela. Voy en su búsqueda. Los espero.

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Los tres nombres del lobo – Lola Nieva

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El destino es implacable y la eternidad carece de tiempo de manera que todo lo que deba suceder sucederá tarde o temprano. Y cuando eso suceda ya no importará un nombre ni dos ni tres, sólo el destino cumpliéndose.
Los tres nombres del lobo es una historia que nos habla del destino pero también de la lucha, del honor, de la valentía y sobre todo del amor que supera todo eso, lo contiene y lo justifica, y la eternidad que todo lo reivindica y acomoda.




Lola Nieva que estudió administración de empresas y fue funcionaria en una dependencia gubernamental en España, finalmente sucumbe al destino obnubilada por un arte que, según ella misma confiesa, la conmovió desde pequeña: la literatura y el oficio de escribir. Esta joven escritora nos deslumbra con su prosa sencilla e impecable en ésta, su novela inaugural que deja bien clara una personalidad literaria rotunda y define su futuro en las letras. lolanievaSe declara admiradora de Ken Follet a quien considera su maestro literario. Si bien su camino acaba de comenzar se vislumbra largo como el de su maestro. Salvando las distancias de épocas y géneros, dejando de lado la experiencia basada en una larga trayectoria de uno y la recién estrenada carrera de la otra, bucear en el pasado parece ser el punto de contacto entre ambos, lo cual siempre promete escenarios renovados constantemente para el lector. La autora utiliza una voz narrativa en primera persona de manera que conocemos la historia de boca de la protagonista. No es sencillo manejar este punto de vista ya que la subjetividad absorbe y limita. Más de una vez mis queridos talleristas me habrán leído sugerirles que intenten con la tercera persona, más amplia y menos vulnerable. Por supuesto que la primera persona no está prohibida ni mucho menos pero hay que acceder a ese clic que se produce en el momento de escribir, donde una subjetividad tal se maneje a favor de la historia y no en contra. La autora ha logrado el clic porque consigue que en todo momento seamos capaces de entender a la perfección los sentimientos y emociones de la protagonista sin melodramas ni exaltaciones fuera de lugar. El estilo es ágil y ameno pero a la vez envolvente, cuida los detalles al máximo,  hace una sobria pero exacta descripción de los escenarios y permite a sus personajes actuar a través de la mirada de su protagonista lo cual no es fácil de lograr y sin embargo, Lola Nieva sale indemne. La historia se estructura en dos planos temporales claramente definidos: el presente y un pasado muy lejano al que la protagonista accede impelida por la necesidad de cerrar un círculo de vida que solo la eternidad se encargará de acomodar. Las vidas pasadas suelen ser un enigma irresuelto y es un misterio al que la autora no ha podido resistirse y que maneja con total seriedad y fino tacto. La historia comienza con Victoria Montalbán, restauradora de antigüedades que vive en Toledo. Un día Victoria encuentra en su buzón de cartas un curioso anillo de la época vikinga. Esa misma noche empieza a sufrir sueños apocalípticos que parecen avisarla de una muerte violenta. Con cada pesadilla siente que su personalidad se transforma y ella misma se descubre haciendo cosas que nunca hizo, no se reconoce. Asustada por ese cambio y perseguida por sueños recurrentes, decide acudir a un psiquiatra, que le aconseja someterse a una hipnosis regresiva en busca de un posible trauma. Pero no es un trauma lo que emerge de la hipnosis, sino una vida anterior…. Ese simple quiebre en la vida de Victoria nos permite retrotraernos al Toledo andalusí en el año 843 d.C. 
¿Los tres nombres del lobo es una novela sensual? Sí lo es, pero la sensualidad no alcanza niveles extremos, no abarrota ni empalaga, de manera tal, señores lectores que no se confundan, esta historia no se roza con Las cincuenta sombras de Grey ni con tantas que pululan actualmente de una sensualidad rayana en la pornografía.

 

Lola Nieva sabe cómo salir indemne de las escenas de alto voltaje, no siempre sencillas de sobrellevar, aunque cae de vez en cuando en expresiones usadas como: “derramó su semilla dentro mío”, “sentí su dureza sobre mi vientre”, etc. Sin embargo, con sencilla naturalidad y sabia dosificación, la sensualidad se pasea de la mano con la crueldad y el arrojo, con el valor y el miedo en un mundo donde nada es cierto salvo el amor. Una historia que logra atraparnos página tras página gracias a una acción incesante y a ese algo que siempre está sucediendo o por suceder. La incertidumbre que nos espera en la siguiente página nos incita a cabalgar junto a Leonora, Shahlaa y Freya. Los tres nombres de un lobo cuya vida muchos querrán haber vivido.

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La falsa pista – Henning Mankell

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La falsa pistaDos muertes, pocas pistas, ninguna certeza para el inspector Wallander que se ha convertido en uno de los mejores detectives de la novela policial actual.
Una chica se quema a lo bonzo y un ex ministro de justicia aparece muerto en una playa. En menos de 24 horas se conmociona el pequeño poblado de Ystad donde Wallander, Jefe inspector de policía, se conmina a no sacar conclusiones apresuradas. Las circunstancias de una muerte y otra son disímiles pero la brutalidad de ambas parece unirlas.
Con dos casos entre las manos, la cosa parece complicada. Sin embargo dos días después una tercera muerte oscurece por completo el panorama.




A partir de un crimen el trabajo de un inspector es tratar de hallar un cabo suelto, algo fuera de lugar que apenas llame la atención, un asesino no quiere llamar la atención de manera que una simple huella puede convertirse en la pista esencial. Pero cuando los crímenes se multiplican, se trata de hallar un nexo que una a las víctimas. ¿Qué tienen de común estas muertes? ¿Qué relación une a las víctimas? ¿Quién es el asesino? ¿Trabaja solo? ¿Por qué la brutalidad? A veces encontrar una pista es la clave, pero no siempre es bueno aferrarse a la primera pista que se presenta como solución, puede tratarse de una pista falsa. A veces una pista falsa es la manera de negar una realidad tan desesperante como concluir en que la estructura social en la que vivimos se tambalea a tal punto que ya nada es seguro, ni la propia vida ni la de los demás. Aferrarse a una seguridad que se nos escapa de las manos es a veces una solución tan desesperada como aferrarse a una pista falsa en un caso policial. Kurt Wallander es considerado como el alter ego de Mankell: tiene su misma edad, comparte su afición por la naturaleza y la ópera y sufre por la maldad en el mundo. Con Wallander, Mankell nos acerca un personaje tan cercano a la realidad que resulta imposible no involucrase. Wallander es torpe, malhumorado, conservador y en medio de una soledad sentimental que teme haberse fabricado se sorprende de ver cómo el avance de la violencia en las grandes ciudades va llegando a su pequeño pueblo. 
No solo la trama hábilmente tejida de una historia sino sus personajes son el alma de una novela. Repleto de humanidad y de sensibilidad cotidiana, Wallander lo mismo puede desentrañar la más complicada serie de asesinatos (como sucede en la Pista falsa) sino también condolerse de su suerte y pensar que debe jubilarse para dar paso a una sociedad posmoderna que lo avasalla y que parece no entender. 
“¿Ya no se podían resolver los problemas sin recurrir a la violencia? Si fuese así, cosa que temía cada vez más, el futuro le daba miedo. En ese caso, la sociedad habría girado sobre sí misma y se habría convertido en un monstruo” (Pág. 544) 
Henning_Mankell Su estilo es directo; los personajes se muestran mediante un narrador en tercera persona situado en un punto de vista focalizado intensamente desde el protagonista. El tratamiento cinematográfico permite escenas donde los diálogos son oportunos y Mankell maneja a la perfección esta herramienta que utiliza al servicio de las acciones para armar el entramado de la historia, logrando de esta forma una descripción dinámica, tan cercana a la realidad como es el deseo de este autor sensibilizado con el contexto social en el cual le ha tocado vivir. A partir del asesinato nunca resuelto del primer ministro Olof Palme en 1986, que generó un enorme impacto en la sociedad sueca y en su tan aludido Estado de Bienestar. A partir de ese momento, la novela policial tomó un giro más social y comenzó a centrarse sobre aspectos morales que parecían no funcionar demasiado bien dentro de la maquinaria del tan mentado estado ideal. Sin embargo, nunca deja de lado el compromiso con la ficción, con lo cual su literatura está lejísimos de ser panfletaria ni nada que se le parezca. “Esta en una novela. Eso significa, sobre todo, que ninguno de los personajes que aparecen en ella existe en la realidad; aunque no siempre es posible, y ni siquiera preciso, evitar las similitudes” (Palabras finales de La pista falsa). 
Desde mis clases en el Taller de escritura explico siempre lo importante del buen manejo de un diálogo que tiene que estar siempre al servicio de la historia, siempre para mostrar al personaje en acción y para acercar dinamismo. Es lo que logra Mankell combinando el diálogo con interesantes descripciones que se alejan de lo metafórico para acercarse a plasmar una realidad de papel lo más cercana a la de todos los días, una realidad móvil, cambiante de acuerdo a las circunstancias. Por eso y volviendo al buen uso de un diálogo: Nunca lo uses para que el personaje diga lo que debe entenderse con la acción y si lo usas intenta que sea por algo, porque haga evolucionar la historia, porque al menos uno de los personajes cambie de estado de ánimo, porque pasarán cosas mientras hablan o sentarán las bases para que sucedan. Y por último condición sine qua non: nunca hagas hablar a tus personajes como hablarías vos sino como hablaría cada uno de ellos, recuerda que u personaje es un ser de papel que debe resultar lo más cercano posible a un ser de carne y hueso. 

Sjowall-WahlooHenning Mankell nació en Estocolmo, en 1948. Inició su carrera literaria en los años setenta como dramaturgo y en la actualidad es director del Teatro Avenida de Maputo (Mozambique). Ha publicado cerca de veinte novelas, además de obras de teatro y narraciones infantiles. Sin embargo, lo que le ha convertido en un autor de fama mundial, con cifras de ventas millonarias, es la serie de novelas protagonizada por el inspector Wallander, una saga de hasta ahora 12 historias traducidas a varios idiomas y con varios de sus títulos convertidos en series televisivas. 
Maj Sjöwall y Per Wahlöö, considerados los padres de la novela negra nórdica, creadores del famoso inspector Martin Beck en el cual muchos escritores posteriores se basaron, abrieron las puertas de Suecia al policial, los suecos están considerados en la actualidad como los autores más representativos del género.

  

A las tramas hábilmente concebidas y a sus personajes tan de carne y hueso como seres humanos, estas novelas nos muestran Suecia: sus costumbres, sus ciudades y calles, su particular clima, su sol de medianoche, los cuestionamientos de sus habitantes. Son esos ingredientes lo más notable en los nuevos escritores, Henning Mankell es considerado actualmente junto con Stieg Larsson (fallecido prematuramente), Jens Lapidus, Lars Kepler y Mari Jungstedt como un representante de esa nueva camada, que sin duda marca un escalón más al que generaciones posteriores deberán encargarse de ascender.

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El Retrato de una Dama – Henry James

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¿Es posible mantener la atención del lector por más de 500 páginas con una trama trabada? ¿Es posible que un lector sienta interés por acciones casi inexistentes que parecen no llevarnos a ningún lado? ¿Se puede discurrir sobre personajes que se mueven como arrastrados por una orquesta de cámara casi inmóviles, casi impasibles? ¿Cómo se logra atraer a un lector de pleno siglo XXI con protagonistas que semejan delicadas piezas de cerámica esmaltada?






Henry James lo logra. Apuesta a otras cuestiones de fondo y logra que nos desembaracemos de la trama como si ésta no fuera importante para una historia, consigue que acciones mínimas sean la excusa perfecta para entrar en las acciones máximas que tienen lugar en el interior de personajes que no necesitan de la acción violenta para rebelársenos. Como lectores ávidos de tantísima literatura que ha corrido sobre esta novela nos sentimos atraídos, atrapados y por qué no fascinados por los personajes centrales de Retrato de una dama que retratan una sociedad, y perfilan una psicología de la mujer y el hombre que en los finales del siglo XIX anticipan los que serán en pleno siglo XX y XXI. Lo cierto es que atravesados las 530 páginas de la novela impelidos por la necesidad de saber más sobre personajes que parecen velados tras la pátina del tiempo y que sin embargo no hacen sino develarse ante el lector. Por eso, necesitamos conocer más de sus vidas, de sus miedos, de sus sueños, de sus frustraciones o deseos aunque luego de las 100 primeras páginas estamos convencidos de que no llegaremos demasiado lejos porque la historia no es sino la aventura de la psiquis humana. 
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La Historia comienza en Grandecourt, una suntuosa casa inglesa a la que la norteamericana y pobre Isabel Archer (protagonista de la historia) llega con su rica tía Lydia Touchett, que ha decidido ocuparse de la educación de Isabel tras la muerte de su padre. En Grandecourt, Isabel conocerá a su tío, que no solo la impresionará notablemente sino que se establecerá entre ambos a pesar del corto tiempo en que se vinculan una relación de padre e hija. También allí conocerá a su primo Ralph, enfermo de gravedad y uno de los personajes más lúcidos e inteligentes de toda la historia. Cabe hacer un paréntesis a esta altura para destacar las que podríamos llamar 3 piedras angulares de su producción: Dejar de lado una trama complicada para dar lugar a la actuación de personajes, desde el punto de vista del material una predilección por las figuras femeninas y una predilección por el tema del fracaso y la renuncia. Grandes figuras como las de Turgueniev con quien Henry Jame trabó amistad fueron marcantes. A diferencia de los franceses (de moda por ese entonces a finales del siglo XIX) los rusos no son solamente narradores hábiles, sus novelas tienen sobre todo hondura moral (no olvidemos a Dostoiewky que hace de la moralidad un rito escrito). Turgueniev  era además con una tremenda visión comprensiva y solidaria de sus semejantes. Por su parte George Elliot (ligada a James de una manera intensa a partir de la reseña que hace James de su novela Daniel Deronda) lo ayuda a reafirmase en su ideal de un realismo psicológico que desdeña la superficialidad. También El americano, una novela de George Sand marca la eclosión  de algo que James no había aprendido de nadie y que por si solo sería una de sus grandes contribuciones a la novela moderna: el punto de vista interior de la propia conciencia del personaje central de una historia. En El Retrato de una Dama ese centro óptico es dual y reside a medias en Isabel Archer y en su primo Ralph Touchett, ambos puede decirse (a pesar del título que acapara la atención femenina) son el personaje central de la historia. Isabel es una joven inusual, con una inteligencia y una personalidad llamativas, que atraerán a hombres tan diferentes como Lord Warbuton, el norteamericano Caspar Goodwood o el que será su marido, Osmond Ormond. Pero también atrapa a mujeres, como su moderna amiga, la periodista Henrietta Stackpole, o la intrigante madame Merle. A pesar del profundo deseo de independencia de Isabel, a medida que avanza la novela, la revelación de que ha perdido su libertad se hace nítida para la protagonista, y el lector no deja de preguntarse en todo momento cuándo dará un puñetazo en la mesa para dejar todo atrás y recuperarla. Sin embargo, y aunque el final se presta a muchas interpretaciones, creo que la decisión que toma Isabel es en realidad la mayor prueba de que ha conseguido volver a ser libre, aunque la primera impresión es justo la contraria.




JAMES
El Retrato de una Dama es un paseo por la conciencia de personajes que a pesar de la distancia y el tiempo nos enseñan que el descubrimiento de la conciencia desde el inconsciente, desde los deseos ocultos o las pasiones acalladas es la única forma de descubrir el mundo. 
Isabel Archer nos acompaña en ese descubrimiento a sus ojos unimos nuestros ojos gracias a ese narrador focalizado en su interior y logramos analizarlo todo, verlo todo. Porque en realidad la historia no está centrada en una heroína, en alguien que alcanza la felicidad a cualquier precio, no está escrito para defender a Isabel Archer ni para defender el entorno o establecer una postura moral frente a la perversidad de la vida, sino para mostrarnos que la vida es a pesar de nosotros y gracias a nosotros. 
El Retrato de una Dama es además una Europa floreciente, un Estados Unidos avasallante y la unión explosiva de esos mundos que se fusionan y se repelen con la misma fuerza. El Retrato de una Dama es lenguaje, son las palabras que nos llegan, que nos alcanzan y que trascienden su significado. Es una nueva literatura que acaba de nacer y que será el puntapié inicial para toda la literatura que se avecina en el convulsionado siglo XX y en el desorientado siglo XXI.

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