La vida cuando era nuestra – Marian Izaguirre

Adquiere un ejemplar

lavidacuandoeranuestra
Pocas cosas pueden conmover el alma como las palabras impresas. Cuando esas palabras además son las precisas y se acomodan una tras otra como en un baile encantado, las frases van tejiendo historias y las historias nos invaden, nos atrapan. Si eso pasa, es que tenemos entre las manos el libro exacto, y que lo hemos encontrado en el momento justo. Entonces, el alma se conmueve y cuando el alma se conmueve con un libro, no puede menos que explotar en cientos de luces que estallan y siguen brillando más allá incluso del punto final. Ni qué hablar si un libro no solo conmueve un alma sino dos almas, al mismo tiempo. 




Esa emoción del alma, es exactamente lo que compartimos con Lola y Alice, las dos protagonistas de "La vida cuando era nuestra". Ambas alcanzan y contagian la gloria de leer juntas el mismo libro y sentir que sus almas explotan juntas y ya no son cientos, sino miles las luces que estallan alrededor de ellas. Marian Izaguirre es la maga que hace posible que además de esas dos almas explote la del lector y sean entonces tres leyendo un mismo libro y explotando a la vez. 
Elige como base un recurso: la intertextualidad. 
La intertextualidad se basa en la idea de que la escritura de un texto implica el conocimiento previo de otros textos. Una palabra evoca otra palabra, un personaje evoca a otro personaje. Cuando leemos un texto, sabemos que a ese lo precedieron otros textos y que otros surgirán a partir de él. 
En La vida cuando era nuestra el texto fundacional es parte de la misma historia, no proviene de otro texto ajeno a éste sino que lo conforma y lo forma, como vemos en las clases del taller literario esta categoría particular del llamado recurso de intertextualidad, se denomina intratextualidad.
Marian Izaguirre trabaja un contexto que quizás se sienta gastado, agotado: la España de la post guerra. Sin embargo, el ambiente citadino de un Madrid que comienza a levantar la mirada hacia el mañana, nos llena de ilusión y nos abre la puerta a la esperanza de un futuro donde aún nos aguarda lo mejor. Y si a eso le sumamos la pasión por los libros compartida por los tres personajes centrales de la historia, Alice, Lola y su marido Matías, no nos queda más que el abrazo con ese mundo de papel que Marian Izaguirre nos regala casi, casi como si fuera real. 
"En el mismo instante en que vi la tienda, una librería de viejo con el escaparate lleno de lápices de colores, pinturas al pastel y libros de Julio Verne, en ese mismo instante, supe que estaba ocurriendo algo extravagante, y que dependía de mí la importancia que este hecho tuviera en el futuro. Podía darme media vuelta y olvidarlo todo. O podía entrar en aquel portar y hablar con él. Entré." (Página 13) 
Alice una inglesa que vive en Madrid desde el comienzo de la Guerra Civil es quien decide entrar en la librería de Lola y Matías. Lola y Alice se conocen días después, gracias a un libro que Matías, el marido de Lola y dueño de la librería, exhibe en el escaparate de su local. La protagonista de ese libro está tan cerca de la realidad como de la ficción y quizás por eso acerca a las dos mujeres, de manera irresistible cada mañana de cada martes y jueves en que sentadas en la trastienda devoran la historia de la novela Rose "La joven de los cabellos de lino". 
Con ellas viajaremos a la Inglaterra de principio del siglo XX para conocer a una niña que se pasa la vida preguntándose quiénes y cómo son sus padres y que convertida en mujer adulta en un recodo del camino halla no solo esta respuesta sino la forma de perpetuarse en aquello que alimenta su fantasía desde siempre: los libros. Y con ambas conoceremos por qué hay momentos en que echamos de menos la vida, cuando era nuestra 
«-¿Sabes que me pasa? -dijo Lola abriendo las manos en el aire como si fuese a mostrar un secreto guardado hace mucho tiempo-. Que echo en falta la vida cuando era nuestra.» (Página 21) 
Porque cuando la vida es nuestra los días parecen deshacerse entre las manos y las horas no alcanzan y el mundo es un pequeño islote donde flotar es lo que cuenta. Pero todo eso lo sabemos cuando comprendemos que ya la vida no es nuestra, y entonces duele, lastima la vida que dejamos atrás. Lola sabe que hubo un tiempo en que la vida le pertenecía y Alice lo sabe también, ambas comparten pérdidas y la enorme ganancia de seguir vivas y volver a empezar. Porque la vida siempre puede volver a ser nuestra si tenemos el coraje de sacar partido del pasado y volver a empezar. Dos historias de amor poco convencionales y por sobre todo el amor, la pasión por los libros 
«Cuando te encuentres sola, lee un libro. Te ayudará a sentirte mejor.» (Página 68) 
La vida cuando era nuestra en un canto de gloria a la literatura. Entre sus páginas se pasean Emily Dickinson, James Joyce, y un personaje de ficción James Miller que mucho tiene que ver con Ernest Hemingway. Párrafo tras párrafo somos absorbidos por una mezcla de sensaciones extrañas. Alice y su pasado, su experiencia conseguida con los años. Lola y su juventud y a pesar de eso también un pasado doloroso pero sobre todo un presente donde siente que la vida ya no es suya. Alice y Lola unidas por el hechizo de una historia donde se dan cita sentimientos comunes, sensaciones que las unen en un espacio infinito donde el alma explota en las páginas de un libro.
Desde la técnica Marian Izaguirre nos brinda un discurso sencillo y sin demasiados mecanismos complejos a nivel literario. Cabe destacar la maestría con que maneja dos narradores, dos voces, uno en tercera persona que se instala focalizando en Lola y un narrador en primera persona que es la propia Alice contándonos su presente y su pasado.



Desde la técnica Marian Izaguirre nos brinda un discurso sencillo y sin demasiados mecanismos complejos a nivel literario. Cabe destacar la maestría con que maneja dos narradores, dos voces, uno en tercera persona que se instala focalizando en Lola y un narrador en primera persona que es la propia Alice contándonos su presente y su pasado. Es extraordinario, el modo en que consigue que una historia se vaya metiendo en la otra a tal punto que ficción y la realidad, por momentos, no hallan límites precisos. Hay novelas que conmueven el alma, La vida cuando era nuestra logró que la mía estallara en esos cientos, esos miles de luces que son los sueños pasados de Alice y los sueños presentes de Lola y la certeza de que los sueños están hechos de la esencia de la realidad. marianizaguirre
“…a veces una necesita repetirse que es cierto, que vivió lo que vivió y sintió lo que sintió, para no caer en la tentación de pensar que fue solo un sueño. La realidad es frágil cuando le das la espalda” (Página129) 
Porque siempre es preciso volver al mundo real y a veces lo hacemos de prepo cuando llegamos a la línea final de un libro. Por suerte siempre nos aguarda el próximo que permitirá a nuestra alma volver a explotar. 

“En el mundo real las cosas suceden de una sola manera. En la ficción hay más margen: está lo que ocurre, lo que puede ocurrir, lo que sospechamos que ocurrirá, incluso lo que deseamos que ocurra aunque sea imposible.” (Página 359)

Adquiere un ejemplar

La hija del sepulturero – Joyce Carol Oates

Adquiere un ejemplar

lahijadelsepulturero

Joyce Carol Oates, lleva varios años figurando entre los candidatos con más posibilidades de recibir el premio Nobel de literatura y no cabe duda que tarde o temprano acabará sucediendo. Aunque se la compara con decenas de sus contemporáneos (John Updike, Philip Roth, Richard Price) lo cierto es que Oates tiene un estilo que sin duda abreva de ellos pero se nutre de la propia sensibilidad creadora de una de las autoras estadounidenses más prolíficas del momento.




Por esa incontinencia creativa y por su personalidad Joyce Carol Oates no deja de ser muchas veces objeto de envidia: “Para mí, es la criatura más odiosa de Norteamérica… La he visto y verla es odiarla. Leerla es vomitar… Creo que es esa clase de persona… o de criatura… o de lo que sea. Es tan… ¡ugh!”. Quien así se expresó, en una entrevista, fue el escritor estadounidense Truman Capote. Y a quien se refería Truman Capote era a Joyce Carol Oates. No es para menos ya que la explicación para semejante arrebato es la velocidad con la que escribe y publica Joyce Carol Oates, nacida en 1938, es dueña ya de unos cien títulos. Quizás podemos achacarle un estilo que se repite sobre sí mismo y hace uso, aunque nunca abuso, del moderno estilo de ir y volver en el tiempo, avanzar hacia delante y retroceder para re-armar baches en la historia retornando una y otra vez sobre un mismo punto. Pero nunca podremos hacerla culpable de un mal uso de la técnica. Si William Faulkner no hubiera existido quién sabe cuál sería el recurso por antonomasia de Oates, pero lo cierto es Faulkner existió y la técnica literaria in media res es y sigue siendo un recurso difícil a la vez que atrapante para todo escritor contemporáneo. 
El del tiempo, es un tema recurrente en mis clases del Taller de escritura. Es necesario comprender que la estructura de una novela, puede seguir el desarrollo de la anécdota o no. Se puede empezar a contar la historia a partir de un momento cumbre y luego, adelantar o atrasar acontecimientos. Pero no hay por qué seguir la cronología de los hechos. A veces, por efectismo, por aclarar unas cosas, para iluminar otras, conviene avanzar acciones posteriores o adelantar datos al final. 
El hecho de comenzar una historia desde la mitad de la acción recibe el nombre de “in media res”. Manejo del tiempo que es el elegido por Joyce Carol Oates para "La hija del sepulturero".
La historia comienza con su protagonista, Rebecca, cuando ésta tiene 18 años y su hijo 3. Algunas páginas más adelante, Oates  irrumpe en un futuro y de allí en más volverá intermitentemente a esa adolescencia generando nuevos puntos de partida para de esa manera estructurar, en ese vaivén temporal, la historia. 
En ese comienzo Carol Oaetes introduce el perfil de una adolescente temerosa, prudente y con el recuerdo de su padre como una carga. “La naturaleza descarta al débil”, fueron las palabras que el sepulturero, padre de Rebeca, dijo alguna vez y esas palabras se imprimieron en el alma de la niña como una indeleble marca de fuego que condicionaría la mayoría de sus actos futuros. Porque “… hay que ocultar las debilidades…”, y Rebeca las ocultará. En 1936, los Schwart, una familia de inmigrantes judíos huyen de la Alemania nazi y se instalan en Chautauqua Falls un pequeño pueblo del estado de Nueva York. Este huir es una constante que marca la vida de casi todos los integrantes de la familia. Pero ¿De qué huyen los Schwart? ¿Del pasado? ¿De sí mismos? ¿Del destino? El padre, ex profesor de instituto, se rebaja como empleado del único trabajo al que tiene acceso: sepulturero y vigilante de cementerio. Es un hombre duro, adusto y Rebecca, su hija menor, sorbe esa rudeza y se reviste de una resistencia inagotable que será el combustible de su vida. Los prejuicios locales y la debilidad emocional de los Schwart provocan una terrible tragedia familiar. Rebecca, la hija del sepulturero, comienza entonces su sorprendente peregrinación de riesgo donde lo erótico se mezcla con lo intrépido y la necesidad de reinventarse a sí misma es el motor que mueve sus días. joycecaroloates
Joyce Carol Oates maneja un lenguaje sencillo, claro y directo, lo cual permite que la historia discurra sin sobresaltos y resulte de fácil lectura. Mechadas en un discurso narrativo desde la tercera persona, son apreciables y cabe destacar las frases (a veces párrafos enteros) donde aparece el discurso directo de los personajes, que sin necesidad de explicaciones nos acerca de manera natural (por sus propias voces) el perfil de los actores. De esa forma el pensamiento de los protagonistas irrumpe en la lectura casi como un llamado de atención sobre situaciones extremas, una alerta que induce al lector no solo a reflexionar sobre esas situaciones a veces insostenibles dentro de la realida de los personajes, sino que a la vez aporta una nota de brillo destacable para entrar en el interior de los protagonistas sin largas y complicadas explicaciones. Si bien la mayor parte de la historia discurre de manera cronológica mediante oportunos flashblacks el pasado irrumpe permanentemente para abofetear al lector y mostrar que el presente siempre es producto de un pasado que a veces queda oculto, sepultado pero que siempre regresa para hacer mella en el hoy de manera irreversible. La hija del sepulturero, es uno de esos libros que atrapan e inquietan, aunque por momentos la historia se dilata y los hechos parecen dar vueltas sobre sí mismos y algunos pasajes se tornan lentos, una perfecta espiral nos devuelve al aquí y ahora de la historia para atraparnos y seguir adelante. Desde mi modesta opinión, Carol Oates podría haberse ahorrado las 50 últimas páginas que son un continuar ad eternun porque cuando los protagonistas no mueren y alcanzan la esperada meseta de sus días, la historia puede continuar cientos, miles de páginas más pero eso quizás fuera motivo de un nuevo volumen al respecto. La vida misma es un eterno fluir y la historia bien podría haber finalizado antes de esas mencionas 50 páginas anteriores al punto final ya que desde el punto de vista de la protagonista no hay en Rebecca cambios relevantes. Hasta entonces, la hija del sepulturero anticipa desde su niñez lo que alcanzará en su madurez. Es un ser marcado por la violencia sin llegar a ser violenta nunca y como una pequeña ardilla acostumbrada a subsistir no se dejará deslumbrar por la bonanza ni se amedrentará por la adversidad, sino que se limitará justamente a sobrevivir. 



Mucho se ha comparado a Joyce Carol Oates con William Faulkner como lo he resaltado más arriba. Ella misma reconoce la influencia del gran escritor aunque no menos marcantes, y reconocidas por ella también, son las lecturas de Lovecraft, Poe y más cerca en el tiempo las de Henry James de quien hereda esa debilidad y predisposición a mostrar el interior avasallante de sus personajes. La sensibilidad de Oates nos acerca a Rebecca Schwart, y co ella desentrañamos hasta donde llega la fuerza femenina que, a pesar de los infortunios, en medio de las más crueles fatalidades, se auto rescata del sufrimiento descubriendo cada día un motivo para seguir adelante. De nuestra literatura contemporánea, La hija del sepulturero como historia, Joyce Carol Oates como autora, son de lectura imprescindible.

Adquiere un ejemplar

La Reina del Sur – Arturo Pérez Reverte

Adquiere un ejemplar

Lareinadelsur



“Sonó el teléfono y supo que la iban a matar”

Ese es el punto de partida de Teresa Mendoza, 
la Mejicana que desde esa llamada huye 
y continua huyendo para salvar su vida.




Los errores son dolorosos, aunque reflejan en gran medida lo que uno es; a la misma vez marcan el derrotero a seguir, el lugar a donde se debe correr. Y Teresa no deja de correr a lo largo de todas la páginas de esta novela que atrapa por el poder que va más allá de la historia misma y que implica a todas las mujeres guerreras que por el bien o contra él huyen, a la vez que intentan armar una vida menos dramática que la real. Teresa corre, empuñando como única arma: la fortaleza de su corazón. Simon de Beauvoir, Rosario Castellanos y Virginia Woolf tenían razón al decir innumerables veces que el cambio de actitud y de forma de pensar no está en la sociedad masculina, sino en la femenina. Una mujer debe dar rienda suelta a las virtudes que tiene y aceptar el reto de recorrer el camino del héroe para resurgir como ave fénix: elevándose de las cenizas de esta vida para convertirse en quien ella misma quiera ser. (Beatriz Benito) 
Es duro y difícil en la vida saber quién eres, luchar por seguir siéndolo más difícil aún y no morir en el intento es lo que la vida le impone como desafío a Teresa. La reina del sur EXISTIO, pero su nombre no era Teresa Mendoza , ni siquiera era la reina del sur, su nombre es Sandra Ávila Beltrán mejor conocida como La reina del pacifico. 
El día que oí el corrido de Camelia la Tejana sentí la necesidad de escribir yo mismo la letra de una de aquellas canciones. Pero no tengo ni idea de música, ni sé resumir en pocas palabras historias perfectas como las que esa raza cuenta. Carezco del talento de Los Tigres del Norte o Los Tucanes de Tijuana, o de Chalino Sánchez, que era compositor, vocalista y gatillero de las mafias, y lo abrasaron a tiros, todo exquisitamente canónico, al salir de una cantina, en Sinaloa, por el narco o por una hembra. O por las dos cosas. Así que, tras darle muchas vueltas al asunto, decidí escribir un corrido de quinientas páginas y mezclar en él dos mundos, dos fronteras, dos tráficos.
(Arturo Pérez-Reverte, 2002.)
perezreverte 
En su doble rol de periodista y escritor Arturo Pérez Reverte da vida a la protagonista de La reina del Sur. Si bien no es una de sus novelas que pueda considerar como favorita (no olvido El club Dumas o la saga del Capitán Alatriste) pero es sin duda un prodigio más de la eximia pluma de quien ha demostrado con creces ser uno de los más ilustrados y hábiles narradores el anterior y actual milenio. Un periodista es el hilo conductor de la historia y es a la vez quien organiza la trama y estructura la novela. Teresa Mendoza alias la Mejicana, alias la Reina del Sur ha sido la mujer del Güero Dávila, agente encubierto de la DEA (encubierto para casi todos incluso para Teresa hasta casi el final de la historia). Luego de la muerte del Güero por un ajuste de cuentas, Teresa corre. Corre desde su México natal hasta allende el mar hasta España donde luego de algunos tropiezos, cárcel mediante, se transforma en la reina del Sur, una mujer narcotraficante que se mueve como pez en el agua en un mundo donde los hombres siempre han liderado ora como víctimas, ora como victimarios. El periodista en cuestión que no es otro que el propio Pérez Reverte aunque su nombre nunca es mencionado en la historia, mantiene una serie de entrevistas con distintos personajes tanto del lado de los malos como del lado de los buenos. Unos y otros le van contando la historia y la trayectoria de la mejicana. Al lector corresponderá determinar quiénes son los buenos y quiénes los malos y de qué lado situaremos a Teresa. Y como de buenos y malos todos tenemos un poco, no se tarda en contemporizar con esta mujer que al fin y al cabo tiene la actividad que la vida y el destino le reservaron pero que no por eso deja de ser una mujer entera, valiente y leal, moral y tan ética como cualquiera. El armazón novelesco se arma en torno a esas entrevistas cuyo material resultante el periodista termina usando para escribir la novela que vamos leyendo, la historia de Teresa Mendoza que se desgrana de manera alterna entre una y otra entrevista.
Suelo recomendar, cuando de organizar una novela se trata, establecer desde el comienzo un método organizativo. Luego, sin perder de vista ni un momento la estructura, planificada caminar rumbo a las metas, y comenzar a trabajar en los capítulos.
Sin lugar a dudas las entrevistas fueron para Pérez Reverte el disparador de esa organi-zación y de alguna, manera contienen un resumen del argumento que luego desarrollará, con tiempo, en cada capítulo de la vida de Teresa.
No apunto en mis reseñas a tomar una postura simplista diciendo solamente si una novela me gustó o no me gustó, eso se lo dejo al lector. Pero apunto respecto de La reina del Sur a decir que si bien Pérez Reverte hecha mano de hábiles recursos para comprometer al lector con la protagonista sin que por ello ésta se convierta en heroína ni tampoco en victimaria. Este término medio es difícil de lograr con un personaje tan comprometido como éste y sin duda solo la cintura literaria de Pérez Reverte lo ha hecho no solo posible sino creíble para el lector que siente en todo momento que Teresa Mendoza no es un ser de papel sino de carne y hueso. 



Entre otras cosas este compromiso lejano a la adoración que un lector entabla con un personaje, y que Pérez Reverte ha logrado, se debe a una mirada pudorosa del autor que intenta no un compromiso desde lo sentimentaloide con el interior del personaje, sino un trabajo mesurado, y valga la definición en este caso, periodístico en el tratamiento de la protagonista. Mi agradecimiento a Pérez Reverte porque de haber caído en lo sentimental hubiésemos tenido entre manos una novelita rosa, intención lejos de la cual está la del autor con esta historia. Y ¿cuál ha sido entonces su intención?... el mismo nos reponde:
 
Hay gente que sueña y que se resigna sólo a soñar y gente que sueña y que además, pone un pie delante del otro y camina para hacer realidad sus sueños.(Arturo Pérez-Reverte)

Adquiere un ejemplar

Las cenizas de Ángela – Frank McCourt

Adquiere un ejemplar

laascenizasdeangela
Narrar en primera persona suele ser uno de los más difíciles desafíos para un escritor. Narrar en primera persona cuando de contar la propia historia se trata, implica un nuevo desafío que suma el compromiso de atrapar al lector con situaciones, que sean interesantes no solo para quien las escribe. Si a ello le sumamos que el narrador de la historia es un niño que nos habla desde su más tierna infancia hasta pasados los diez años de edad, el desafío sin lugar a dudas se triplica.
Frank McCourt, no solo sale ileso del triple desafío sino fortalecido como protagonista y como escritor.




Con una prosa directa y por momentos tan desgarradora como escuchar a un niño decir que tiene hambre y sentirlo despierto en las noches atormentado por su estómago, McCourt logra la magia de atraparnos pero sin golpes bajos. Con un balanceo tan suave como la oscilación de un péndulo, asistimos a los días del pequeño Frank desde una atmósfera opresiva que nos recuerda por momentos a Charles Dickens y sus niños oprimidos y más puntualmente a su novela casi autobiográfica David Cooperfield. Claro que esta novela es "casi" autobiográfica, ya que Dickens toma solo algunos hechos de su propia existencia y los recrea en la vida del protagonista de esa su novela quizás más famosa, en tanto que "Las Cenizas de Ángela" es totalmente fiel a la realidad. En cuanto a la génesis de Las cenizas de Ángela, el propio McCourt cuenta en una entrevista que le llevó varios años y un enorme borrador de más de 100 páginas hallar la voz de quien sería el prestigioso profesor de literatura del presente. Y vaya si valieron la pena esos años de búsqueda y esas páginas borroneadas y descartadas. En el producto terminado, el pequeño Frank nos habla desde cada página de Las cenizas de Ángela como si el tiempo no hubiera transcurrido, como si los años no hubieran convertido a aquel pequeño andrajoso y hambriento niño en un hombre de ojos bondadosos y sonrisa fácil. Ésta es una de esas novelas que uno comienza a leer y ya no abandona salvo para dormir unas horas o hacer lo que uno haga obligatoriamente en su vida cotidiana. Porque toda acción no obligatoria será dejada de lado para retornar a la cálida sordidez del mundo de un niño irlandés que a pesar del mundo, logra mantener intacta la pureza y la fuerza que hacen falta para sobrevivir al hambre, al abandono, a la desidia de sus mayores y a la inoperancia de una sociedad que aun sin proponérselo lo descartaba. McCourt pinta la Irlanda de los años ’30 y ‘40 con la pueril mirada de él mismo a una edad en que incluso puede llegar a admitirse, que no tener un lugar donde dormir o un trozo de comida que llevarse a la boca, pareciera a sus ojos normal. Pareciera de las Cenizas de Ángela me viene como anillo al dedo para ejemplificar y reforzar aquellas clases de escritura creativa sobre el correcto uso de la primera persona. Y es que el autor ha logrado superar el mayor obstáculo de trabajar con este punto de vista: una voz única y una medida introspección que no deja de lado el mundo externo y la mirada de los otros. Desde esa mirada, puede admitir la pobreza pero nunca la resignación. La no resignación es la marca indeleble, la barca invencible que permite al joven Francis seguir adelante y convertirse en el hombre que ha llegado a ser. 
FrankMccourt Frank McCourt nació en Nueva York el 19 de agosto de y marchó de muy bebé con su familia a Limerick, Irlanda, de donde provenían. Retornó finalmente a Nueva York, donde se licenció por la universidad de la ciudad, haciendo igualmente un postgrado en el Brooklyn College en 1958, tras lo cual ejerció la docencia hasta su jubilación. Hubo pocas novelas que conmovieron mi corazón con la potencia de Las cenizas de Ángela. No muchas historias logran sin golpes bajos, hacer cimbrar el dolor como una fina cuerda y gracias al buen humor y a una mirada simple y positiva pocos autores como McCourt logran, sin que esa cuerda se rompa, arrancar una triste carcajada y por qué no, pocos como McCourt generan la necesidad del lector, de ir por más.

 

Ir por más es anticipar la saga que abre Las cenizas de Ángela el primero de los volúmenes de la trilogía que se completa con: Su segundo tomo autobiográfico publicado en 1999: Lo es, donde nos cuenta su vida de emigrante en Norteamérica cuando, a los 19 años, decidió volver y pudo volver a estudiar, sacarse un título y trabajar como profesor en un colegio. Su vida de profesor en el tercer volumen publicado en el 2005: El profesor, donde sin abandonar su vena de humor nos cuenta los desafíos a los que tuvo que enfrentarse desde su inexperiencia profesional frente a una clase llena de jóvenes delincuentes e inmigrantes sin recursos y cómo su experiencia en la vida le permitió empatizar con ellos y hacerse con el control del aula. Según él mismo contó, está fue su novela más difícil.
Quizás como todo, solo es cuestión de empezar. Este comienzo es para mí el desafío del resto de la trilogía como una asignatura pendiente que prometo no llevarme a Marzo.

Adquiere un ejemplar

El lector de Julio Verne – Almudena Grandes

Adquiere un ejemplar

el-lector-de-julio-verne

Almudena Grandes es una de las más colosales escritoras vivas de la literatura española contemporánea.
Almudena conmueve y remueve dentro nuestro sensaciones, sentimientos pero sobre todo nos ayuda a fijar los conceptos de integridad, de ética, de humanidad y sensibilidad como pilares de nuestra existencia.





Admiradora de Benito Pérez Galdos y de Julio Verne, esos dos autores no podían estar ausente en una historia como El lector de Julio Verne, un niño que gracias a los libros (entre otras cosas) descubre que pensar no está mal pero que es peligroso en ciertas circunstancias. Los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdos marcaron de alguna forma la decisión de encarar este proyecto literario denominado 'Episodios de una Guerra Interminable' y del cual El lector de Julio Verne, es la segunda entrega. 
"Yo soy una lectora muy constante y apasionada de Galdós, que ha sido el escritor más importante de mi vida. Creo que una de las anormalidades una de las anomalías de este país es la cicatería con la que trata a un escritor que está a la altura de los mejores narradores del XIX."  (Almudena Grandes) 
Por eso me pareció conducente la pregunta que alguien le formuló por allí: "¿Le da miedo la comparación con los Episodios nacionales de Galdós?" Y su respuesta oportunísima: "Cuando a los toreros les preguntan si tienen miedo, suelen contestar que no, que lo que sienten es la responsabilidad de su oficio. Eso mismo es lo que me pasa a mí. Galdós ha sido, quizás, el escritor más importante para mí, como lectora y como escritora. Y no pretendo competir con él, Dios me libre, sino adoptar el modelo que creó en sus Episodios para adaptarlo a mis limitaciones y a la época en la que escribo. Es un riesgo, pero también un homenaje emocionante para mí".
De Almudena Grandes, hemos disfrutado: Inés y la alegría, El corazón helado, Estaciones de paso, Castillos de cartón, Mercado de Barceló, Los aires difíciles, Atlas de geografía humana, Modelos de mujer, Malena es un nombre de tango, Te llamaré Viernes, Las edades de Lulú (creo no olvidar ninguna). Con su inigualable estilo vuelve a recrear una historia de personajes, esta vez la historia de Nino y Pepe el Portugués un hombre misterioso al cual Nino quiere parecerse cuando sea grande y de quien aprende que la guerra está a la vuelta de cada roca, en el borde del río y en los suspiros de Elenita la pequeña nieta de Elena que le quita a Nino la respiración. Elena es una roja (comunista) que vive en un cortijo con otras mujeres comunistas y que le permitirá a Nino disfrutar de su exigua pero apasionante biblioteca, Elena será un referente cultural y junto con Pepe le otorgarán a Nino las herramientas para sobrevivir y salir ileso de la aventura de su propia vida pero sobre todo le enseñarán a pensar. 
Pensar en esa época era peligroso. Especular más allá del día de hoy era tan comprometido como utópico y el futuro era una quimera tan peligrosa como el propio acto de pensar, y es que para vivir era necesario no pensar. Vivir, seguir entero, dependía de pensar poco y expresar menos y pobres de aquellos a quienes además de pensar se les ocurriera sentir y pobres dos veces de aquellos a quienes se les ocurriera pensar y sentir porque además había que resistir. Para muchos sin embargo, pensar era saber que otra vida era posible y que para vivir de otra forma había que seguir acariciando el futuro y resistiendo por uno mismo o dejar de ser. 
Almudena no tiene una prosa simple, las frases largas, los párrafos extensos y la información que primero se sugiere para luego dejarse ver en el devenir de la historia, recuerda al estilo de Faulkner. En El lector de Julio Verne además se suma la dosis exacta y el perfecto manejo del lenguaje coloquial que aporta un brillo especial a estas historias donde las palabras suelen ser y parecer pocas cuando de narrar la vida y la muerte se trata. 
Como se explica en los talleres de escritura, cuando empleamos la denominación de "lenguaje coloquial" en una obra literaria, nos estamos refiriendo, en realidad, a la imitación del lenguaje conversacional que pone el autor en boca de sus personajes. Con esto se provoca una mayor proximidad entre la obra literaria y el lector. Almudena lo logra.
Esta novela, nos muestra otra mirada sobre la guerrilla, esta vez la de un niño de 9 años, Nino, que es hijo de un guardia civil y vive en una casa cuartel. En ese sentido, la historia es diferente, porque la mirada de un niño lo enaltece todo y también lo exacerba, sobre todo cuando de contar una Guerra se trata. "En España hubo una Guerra Civil sangrienta, feroz, salvaje, que mató a un millón de personas pero que mató muchísimas más cosas, que mató en todos los órdenes de la vida". (Almudena Grandes) 
AlmudenaGrandesY El lector de Julio Verne tiene entre sus protagonistas a la propia muerte. La muerte como algo implícito en la vida de aquellos españoles en un pedazo de aquella España (Fuensanta de Martos) que se deshacía en pedazos, en pedazos de esperanzas muertas, de corazones muertos en medio de aquel puñado de hombres y mujeres entre los cuales, a pesar de todo, latía la vida. Una vida que muchos preservarán aún en medio de la muerte de sus vecinos, de sus parientes, porque la muerte rondaba la vida de cada día y entraba en cada casa como la brisa que baja del monte, la muerte de la mano de los guardias civiles o de los rojos, convivía con total normalidad en un escenario que le era propio. Y es que nadie podía dejar de huir de la muerte agazapada dentro de cada español, porque los muertos morían pero los vivos también morían con cada asesinado frente a un pelotón de fusilamiento o cobardemente por la espalda. Y el miedo, la desazón, el tormento por esa España que sangraba con cada disparo, viniera de donde viniese, porque ya daba lo mismo las bajas de un lado u otro, todos eran españoles, todos eran hermanos. 
De sus personajes, dibujados con la integridad con que la vida dibuja seres humanos Almudena nos acerca en esta novela a un manojo de personajes, quizás menos numeroso que en otras novelas donde la catarata de actores era por momentos desconcertante. Pepe el Portugués, Nino, Elena, Antonino (el padre de Nino) y su madre son suficientes para llenar de colores las páginas pero como si fuera poco aparece el sargento Sanchís y su esposa Pastora que sin estridencias a lo largo de toda la historia, ejecutan hacia el final, un solo a dos voces inesperado (o no) porque nada es lo que era en medio de una España incierta. ¿Dónde estaban los buenos? ¿dónde los malos? ¿quiénes tenían razón? ¿quiénes no? ¿en qué rincón había quedado escondida la piedad? ¿cuándo aparecería el perdón?



"Los seres humanos somos capaces de desear y de ejercer nuestra voluntad para modificar nuestro entorno en función de ese deseo […] Este es un tema clásico en mi literatura". (Almudena Grandes) 
El lector de Julio Verne lo demuestra. Y a pesar de no haber un romance arrollador como en casi todas las novelas de Almudena ésta es sin duda una novela de amor porque: Todos los libros hablan del amor, aunque no haya chicas, ni besos, ni boda al final. Todos los libros hablan del amor aunque el amor no sea más que la fascinación, la difícil lealtad de un niño bueno y valiente hacia un valiente y codicioso pirata de palo con una pata de palo y el loro al hombro.
(El lector de Julio Verne)

Adquiere un ejemplar